Innovación en marcha

Enviado por Héctor Jorquera el 15/12/2011 a las 01:17 PM
Héctor Jorquera

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Que al googlear la palabra empleo, la búsqueda arroje más de 4 mil millones de resultados contra los modestos 370 millones para emprendimiento; o que al hacer lo mismo con management, resulten más de 3 mil millones versus los escasos 460 para innovación, no sólo refiere la antigüedad en el uso de dichos conceptos, sino también, habla sobre la preeminencia de ambos en la sociedad y economías actuales.

Nadie marcha en Grecia, USA, España o Chile por más innovación o para que la educación forme emprendedores. Ninguna crisis social o política se desata cuando se recorta, so pretexto de mayor eficiencia, el presupuesto para fomento de las ciencias, la innovación o el emprendimiento en el país. ¿Qué ocurre sin embargo cuando la tasa de desempleo sube uno o dos puntos? Entonces se activan mecanismos, se crean incentivos, se aplican nuevas y antiguas fórmulas con las que los economistas suelen balancear  crecimiento, inflación y empleo. Es el peso inexorable de la normalidad, es la realidad que se encarga de recordarnos que toda innovación o emprendimiento, actúa en un contexto social y cultural específico, dominado por la constante, no por el cambio, por la política, no por la economía.

Y es que lo común, es que las personas busquen empleo más que emprendan y, administren más que innoven, razones suficientes para que las profesiones, instituciones, publicaciones y el énfasis de las políticas públicas, tanto en educación como en el fomento,  se focalicen más sobre lo que reproduce los sistemas y los mantiene, que en los que los cambia o modifica. Por tanto los innovadores deben poner su foco en explorar la recurrencia y detectar anomalías en lo cotidiano.  ¿Por qué? Porque los sistemas sociales, son constitutivamente conservadores y buena parte de su actividad se orienta a conservar y mantener sus estructuras y procesos, adaptándose al entorno. Buscan la estabilidad más que el cambio, y aunque todo sistema es un continuo de conservación y variación, la inercia conservadora termina siempre imponiéndose.

Es en las preocupaciones e intereses recurrentes y masivos  de las personas y organizaciones donde debemos buscar inspiración para la innovación. ¿Cuántos nuevos modelos de negocios, sistemas de entrenamiento o búsqueda de empleo han surgido como fruto de la innovación? En el reclamo por mayor calidad de la educación de nuestros jóvenes,  ¿no se escucha acaso el llamado a que la innovación tome las aulas, la administración escolar y la formación docente?  Innovar es una práctica humana basada en nuestra capacidad de hacer-con-otros, mediante la cual nos hacemos cargo de lo que nos insatisface. Todos podemos participar de la larga cadena de la innovación, para ello basta que sepamos formular buenas preguntas y tener el ánimo de pasarnos a veces,  largos años, explorando las respuestas para ellas.

Me sentiría feliz, si al cabo de 5 años, la palabra Empleo aumenta su brecha con  Emprendimiento en Google, a condición que ese aumento se vincule o haya sido causado por el emprendimiento y la innovación. Entonces podríamos decir que más que tendencias o modas, la innovación y el emprendimiento son prácticas culturales en-carnadas en las empresas, in-corporadas en la sociedad y sus instituciones, que hacen sentido en y facilitan la vida de las personas,  y por eso en el futuro muchas de ellas aspirarán a promoverlas, practicarlas y hasta marchar por ellas

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