
Con el objetivo de “generar y apoyar emprendimientos sociales, especialmente aquellos que vinculan la base de la pirámide y sectores excluidos al sistema económico formal” CORFO acaba de lanzar su nueva línea de Innovación y Emprendimiento Social, un paso que, parafraseando al destacado escritor nacional Pablo Simonetti, hace que CORFO cruce la “barrera del pudor”. Sí, porque desde su gestación la estatal de fomento, ha vinculado los mayores niveles de competitividad al mejoramiento de la productividad, entendiendo por productivas, exclusivamente a las actividades económicas.
“Estamos seguros que mediante la innovación y el emprendimiento social se pueden hacer grandes cosas. Como ministerio, estamos enfocados en promover iniciativas que impliquen beneficios sociales y, al mismo tiempo, sean sustentables en el ámbito económico” aseveró el ministro Longueira al lanzar el concurso. Al fomentar también la innovación y emprendimiento social, CORFO reconoce además una tendencia mundial que el Estado chileno ha tardado en observar en su justa y adecuada dimensión: el Emprendimiento Social es una profesión de amplio reconocimiento en el mundo desarrollado, capaz de aportar soluciones innovadoras, medibles y sostenibles; y la innovación social, una clave para el desarrollo de organizaciones y paises, que las grandes empresas ya reconocen e incluyen en sus estrategias.
No fueron los gobiernos ni las empresas quienes pusieron al microcrédito en el estatus de un derecho humano inalienable, fue Muhammad Yunus, un emprendedor social bengalí, que se enamoró de un problema, se apropió de una anomalía y demostró que las mujeres eran clientas confiables y buenas pagadoras. Antes de él, las mujeres ni siquiera podían ingresar a los bancos, hoy son propietarias del Grameen Bank, conocido también como Banco de los Pobres. Al menos 13 microempresas de saneamiento ambiental, entre las que se incluyen viveros, plantas de humus, compost, papel reciclado y rellenos sanitarios, que generan trabajo permanente a 150 personas en 20 ciudades y benefician a 3 millones de habitantes en Perú, son obra de Albina Ruiz, emprendedora social que no esperó la acción privada ni estatal para liderar soluciones innovadoras en el manejo de los residuos urbanos. Transformó basurales en esperanza y fuentes de ingresos formales.
La reconstrucción post 27F tuvo en Felipe Cubillos y su organización Desafío Levantemos Chile, a un motor más veloz que el gobierno, que llegó incluso a recaudar más dinero en donaciones que el propio aparato público y fue más efectivo a la hora reconstruir escuelas, apoyar pescadores o dinamizar económicamente algunos territorios. El cáncer infantil y la millonaria inversión que demanda para asistir médica, social y psicológicamente a sus víctimas, tiene en Fundación Nuestros Hijos a un referente nacional, liderado por la doctora Marcela Zubieta. En temas ambientales, de acceso a la vivienda, empleo o a las nuevas tecnologías, de inserción en los mercados, en todas las áreas que los privados desdeñan por su baja rentabilidad y Estado no sabe como abordar porque carece de normativas, políticas o recursos, los emprendedores e innovadores sociales asumen los desafíos con alegría, fortaleza y a veces, mucha incomprensión.
Hace un par años participé en Santiago de una reunión en que compartimos experiencias sobre negocios sociales o inclusivos con emprendedores sociales de la red Ashoka, la principal asociación de su tipo en el mundo; representantes de compañías como Nokia, de incubadoras de negocio y Endeavor. Recuerdo que el invitado de CORFO se excusó argumentando que la misión de la entidad era “el fomento productivo y no social”. En la mesa habíamos emprendedores sociales que generamos entre 10 y 40 empleos cada uno, con ventas de servicios de hasta 2 millones de dólares por año. Nos miramos con sorpresa. ¿No éramos productivos? ¿Nuestras innovaciones no aportaban a la competitividad del país? Con agrado veo que esa visión cambia, que se exploran nuevos mecanismos, nuevas estrategias para que juntos, mercado, Estado y sociedad civil liderada por emprendedores sociales, seamos más efectivo en el trabajo de generar mejores niveles de desarrollo humano. En hora buena, al cruzar la barrera del pudor productivo, CORFO da muestras de flexibilidad e inclusión. Es justo y necesario.




