Steve Jobs, la Patagonia y el noble camino

Enviado por Héctor Jorquera el 29/10/2011 a las 06:44 PM
Héctor Jorquera

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Steve Jobs, se ha muerto  el 5 de octubre, a los 56 de ser y de estar, frenético, contemplativo, breve-intenso. Inmenso. Mi primer contacto con la inmensidad la tuve en el otoño de 1983. Tras navegar casi veinte horas por el mar, fiordos y canales australes, llegué a Aysén. Entonces el mundo que conocía, no fue nunca más el mismo. Descubrí que la belleza era natural, simple, translúcida. Y entonces, callé. Para contemplar, para sintonizar con el paisaje silente y acaso nostálgico y surfear maravillado, agradecido y pequeño en la inmensidad de esa belleza, las oportunidades quela Patagoniaofrecía para mí.

Así siento que ocurrió por años, con millones de seres humanos en el mundo, cada vez que Jobs anunciaba una buena nueva: se paralizaban ante la belleza de lo que el enjuto fundador de Apple sostenía sobre sus manos. Sabían que el nuevo aparato presentado sería simple, natural, transparente y que con él, la experiencia de diseñar, escribir o comunicarse haría que el mundo, su mundo, fuese distinto y acaso mejor. Y entonces todos callaban. Enmudecían para explorar sus nuevos equipos, para luego compartir, crear comunidades en torno a la marca, al estilo distinguido y emprender sus propios viajes, sus exploraciones.

Steve Jobs fue un navegante eterno hacia la belleza. Y la belleza es compleja en su estructura, pero simple en sus manifestaciones, como los productos que él promovía. La belleza genera alegría entre distintos, organiza a los iguales; precisa no sólo talento, también dedicación, como el arte más excelso y natural. Millonario sí, pero no el más. Obseso sí, por sus clientes y la excelencia. Complejo y acaso intratable a ratos, seguro. Marginal siempre, como quien sabe que es en las orillas donde  florece la innovación, pero con clara vocación de centralidad, como el que sabe que crea valor no objetos,  y que el valor debe repartirse como un pan urgente y necesario, entre muchos. Visionario, como pocos.

Para quienes no venimos del mundo tecnológico, la figura de Jobs resalta por su liderazgo pragmático y a la vez lúdico, capaz de crear entornos y equipos en  los que el juego abre espacios de posibilidades inauditas. Yo destaco al hijo del maquinista de tren (como Neruda) que aprendió en las talentosas manos de su padre adoptivo, que cualquier cosa se podía arreglar; al joven desertor universitario, que aprendió a aprender en la acción creativa con otros, lejos del aula;  al fundador disidente que pagó con exilio su osadía rebelde y terminó des-cubriendo, en su era Pixar, que todo infortunio esconde ciertas ventajas; al budista disciplinado, que encontró su noble camino en el apego a una vida apasionada, con puentes a la sabiduría, con mil motivos para la alegría y sin atajos para el sufrimiento.

 

Publicado originalmente en Movistarinnova.

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